Blog personal de Ángela Beato. Escribo lo que siento. Digo lo que pienso. Procura no tomarme demasiado en serio.

viernes, 18 de mayo de 2018

Pero, ¿qué habéis hecho, Pablo?

Estimado Pablo: Esto que has hecho es una locura, pérmiteme que te diga. Un día pides una hipoteca para comprarte un chalet con piscina, casa de invitados y amplio terreno, que cuesta más de 600.000 euros, y al día siguiente te miras al espejo y no te reconoces. Deberías saber que ya nada será igual. Acabas de hipotecar tu vida. La Caja de Ingenieros, una entidad bancaria que hasta ahora desconocía –dísculpame-, te da 540.000 euros a devolver en cómodos plazos. Sí, ya sé que solo te pasarás 30 años de tu vida acoquinando el préstamo más los intereses, pero es toda tu juventud. Si ahora tienes 39, en tres décadas tendrás 69. Quizá hayas perdido para entonces hasta tu seña de identidad, el pelo de la coleta.


Que yo lo entiendo, ¡ojo! Que estas cosas o se hacen antes de los 40 o no se hacen nunca, porque si no, te faltaría vida para pagar la deuda que conlleva “emprender un proyecto familiar”. Así que imagino que te has visto con tres perros y en vísperas de ser padre por duplicado y has recibido la llamada. A mí la vida privada de cada uno me la trae bastante al pairo y la manera en que la gente decide gastar su dinero, mucho más. Pero comprende que tu mudanza haya levantado este revuelo y generando todo un debate nacional que os ha obligado a dar explicaciones. Se discute sobre si tiene derecho a aburguesarse un tipo de izquierdas cuyo discurso carga contra los bancos, el capital y la burguesía. O si es coherente criticar a quienes se gastan ese dinero en un inmueble y luego hacer lo mismo pretendiendo que no te paguen con la misma moneda. Hasta en tu propio partido se han escuchado críticas encendidas.

Pero a mí realmente lo que me preocupa es que un día se cruce en vuestro camino algún escándalo inesperado, algo así como el máster o las cremas de Cifuentes, y no os quede más remedio que dimitir. ¿Quién afronta entonces el pago de la letra de 1.600 euros mensuales de la hipoteca? ¿A qué trabajo volvería Irene? Porque tú, Pablo, al menos conservarías tus puestos de tertuliano y de profesor universitario. Algo es algo, aunque su remuneración no le llegue ni a la suela de los zapatos a la de un diputado de este nuestro Congreso, todo sea dicho. Que entre pitos, flautas, dietas, comisiones y demás, os podéis levantar la friolera de 6.000 euros al mes. Con ese sueldo en la cuenta, yo también me mudaría, aunque no sé si a un casoplón. Me gusta más el ático del ex ministro De Guindos. Es más recogido. Piensa que limpiar 260 metros cuadrados en una sola planta es un trabajazo. Y todavía más mantener un jardín de 2.000 metros cuadrados, con su huerto de temporada. ¿Y qué me dices del curro que da una piscina? Pasar el limpiador de fondos, controlar el cloro, revisar el esquímer… Bufff. Con el ritmo de vida que lleváis, eso no hay cuerpo que lo resista. Seguro que os toca contratar asistenta, jardinero y empresa de servicios. Ojo con los papeles, que todo esté en regla. No vaya a ser que una tontería burocrática, como un alta en la seguridad social mal hecha o un permiso de trabajo fraudulento, vaya a pasaros factura.

¿Y lo próximo qué será, Pablo? Cambiar ese Dacia Sandero rumano de 10.000 euros en el que se os ha visto trasladándoos últimamente por un Audi alemán de 45.000? Te advierto que hacia esta zona de la A-6, que es feudo reconocido del PP -salvo la aldea gala de Torrelodones-, cada vehículo de la flota automovilística cuesta más que un apartamento en Vallecas. Es una locura Pablo. Cualquier día te vemos embutido en un traje hecho a medida por una sastrería del barrio de Salamanca y calzado con zapatos castellanos. O cambiando tu mochila por un maletín de piel. Mira que se empieza así y al final una cosa lleva a la otra y terminas casándote por la iglesia y celebrando el convite en el Palace. O mejor, en una finca pija de la Sierra, de esas donde ponen fundas con lazos a las sillas y después de cenar regalan manoletinas a las invitadas para que cuando bailen no se les queden los tacones clavados en la hierba.

¡Ah! Y ya te voy comentando que, cuando nazcan los peques, vais a tener que bajar un poco el ritmo. Uno de los dos o los dos. Ya sabéis que los primeros días de guardería pillan todos los virus, así que hay que quedarse con ellos en casa. Eso si no te llaman desde la escuela para que vayas a buscarles porque han vomitado y tienen unas décimas. Y tú trabajando a 40 kilómetros de casa… Lo bueno es que podréis ausentaros sin problemas porque, como quien dice, sois los jefes. Lo malo es que, como seguro utilizaréis transporte público, os llevará más de hora y media ir hasta una estación de Cercanías de Renfe en Madrid, esperar el próximo tren a La Navata y llegar a vuestro destino. Eso si no optáis por ir en la línea 632 de los autobuses Julián de Castro,  que salen del intercambiador de Moncloa y dependen del tráfico. Así ya de paso experimentáis eso de estar en una cola con otros mortales, sufriendo los calores y los retrasos. Quizá entonces comprendáis por qué muchos residentes en la Siera Noroeste siguen empeñados en bajar con su propio coche a trabajar a Madrid, aunque se desayunen cada día un atasco.

A no ser –estoy pensando- que deleguéis ese marrón de la crianza en unas nannies. ¿Habéis visto Sonrisas y Lágrimas? O quizá hagáis uso de la guardería del Congreso… ¡Es verdad! No me acordaba. Que ofrece muy buenos precios. Así los tenéis cerquita y durante los primeros años os ahorráis un quebradero de cabeza. Y cuando alcancen la edad para ir a ese cole de La Navata que tanto os gusta, ya os habrá dado tiempo a diseñar una estrategia para enfrentar esos días en que haya que lidiar con los virus.

Ay, Pablo, ¿qué habéis hecho? Cuando echabas pulsos con Íñigo por el poder dentro de Podemos jugabas con el as en la manga de la superioridad moral que te daba haber salido del piso de tu abuela en Vallecas, mientras que tu contrincante venía de casa de los papás en Pozuelo de Alarcón, el municipio más rico de España. Después viviendo de alquiler en el refugio rojo de Rivas, erais un modelo de coherencia. Predicabais con el ejemplo, algo de lo que muy pocos podemos presumir. Yo sé que es muy complejo. Sin ir más lejos, a mí me aterroriza que mis hijos un día decidan beber alcohol, pero ahí me tienen bien a la vista, dándole a la caña, al tinto y al verdejo. Incluso al gin-tonic en ocasiones especiales. Haz lo que digo pero no lo que hago. Y eso no hay prueba del algodón que lo resista.

Querido Pablo, no sé cuál de estas dos frases se ajusta más a tu momento vital actual: “El que al cielo escupe en la cara le cae” o “Es mejor ser rey de tus silencios que rehén de tus palabras”. Qué maldita coincidencia que el ático del ex ministro Luis de Guindos le costara 600.000 euros y que tú cargaras contra él por esa “indecente compra especulativa”. Ahora debes estar cagándote en la puñetera madre de la maldita hemeroteca. Yo también dije una vez que no me casaría nunca ni viviría en las afueras de Madrid, y ya me ves. Casada y viviendo en Las Rozas. Por cierto, no te perdono que eligieras Galapagar pudiendo haberte instalado en este magnífico pueblo. También tenemos campo y casoplones. Sin ir más lejos, Mª Teresa Campos vendía su mansión en el exclusivo barrio de Molino de la Hoz y no hay quien se la compre. Creo que pedía más de 4 millones de euros, pero seguro que apretándole un poco ajustabais el precio. Hubiera sido el lugar perfecto. Por lo de la Hoz (y el martillo), más que nada.

Ay, Pablo… Definitivamente el capitalismo ha ganado la batalla. Van a tener razón en Moderdonia cuando cantan “Con la hipoteca se te cura el comunismo”. En fin… Creo que va a resultar insostenible lo de seguir siendo populista. Que en este país hay mucha envidia y hasta el más tonto sueña con prosperar. Como imagino que ya no hay vuelta atrás y es imposible deshacer la compra, me temo que tendrás que afinar tu discurso y esmerarte un poco más en recuperar el crédito de la ciudadanía. Es complicado atribuirte el título del político más cercano a la gente corriente y vender Podemos como el partido del pueblo, mientras el común de los mortales pasamos por esa vida sin atrevernos a soñar siquiera con vivir en un chalet con un salón en dos ambientes. Y, por supuesto, no tenemos ni repajolera idea de qué narices es eso del mármol travertino.

sábado, 12 de mayo de 2018

Izal y Castelo en el patíbulo de Twitter

Me tiene un poco descolocada el escándalo en que se han visto inmersos el cantante de la banda Izal y el humorista radiotelevisivo Antonio Castelo. Para quienes no estéis al tanto, varias chicas les han acusado en redes sociales de ser unos acosadores babosos y han difundido conversaciones privadas subidas de tono, enmarcadas en el típico y torpe intento de ligue, que los susodichos mantuvieron con ellas. Me empieza a asustar seriamente lo fácil que resulta cargarse la reputación de alguien y hundirle en la miseria con un simple tuit o retuit. Y me inquieta sobremanera ese empeño por convertir Twitter en un patíbulo. Algunos han visto en esta red social el lugar perfecto para librar batallas ocultos tras el escudo del avatar y se han aficionado a representar el papel de vengadores, porque jugar a ser Dios les queda grande.

En alguna ocasión os he contado que yo era muy fan de Miguel Bosé. Lo sigo siendo, pero la edad te hace perder efervescencia. El caso es que suspiraba por él, soñaba con él, incluso me tocaba pensando en él. Fantaseaba con que un día me lo encontraría y ocurriría algo mágico. Gilipolleces de adolescente. Pero bueno, a lo que iba. Un día logré acercarme a él e intercambiar una breve conversación. Narré el episodio en este mismo blog hace un par de años, coincidiendo con el 60 cumpleaños del cantante. Empezaba a estudiar Periodismo y debía hacer una entevista como trabajo de clase. Tenía claro a quién quería entrevistar. Aprovechando que estaba de promoción, me las apañé para abordarle cuando salía de la desaparecida Radio Vinilo. Le conté mi propósito y él, tan amable como hábilmente, se escaqueó remitiéndome a su manager mientras se dirigía a su coche caminando a mi lado, con su mano pegada a mi espalda. Luego se fue dejándome con el subidón de haber sentido su tacto en mi cuerpo.


Técnicamente yo no era una grupi, término con el que se conoce a esas chicas que persiguen a sus ídolos y merodean por el backstage de sus conciertos para ver si se pueden enrollar con ellos, pero entonces debí parecerlo. Yo tenía 18 o 19 años. Él 12 más. Si Bosé en ese momento me hubiera invitado a subir al coche con él, lo habría hecho. Si me hubiera pedido mi teléfono, se lo habría dado (por el Pleistoceno no había móviles, así que tendría que haber anotado el número de la residencia de monjas donde me alojaba… ). Si me hubiera cogido de la mano y llevado al hotel más próximo, creo que habría ido sin dudarlo. Quiero decir que si hubiera habido la más mínima posibilidad de que ese día se hicieran realidad mis sueños, tengo la certeza de que no la hubiera desaprovechado. Habría ido voluntariamente y tan feliz.  Y si luego en las distancias cortas resultaba ser un imbécil sin magia, me la envainaría. Pero no tendría ningún derecho a pedirle explicaciones ni a gritar mi frustración a los cuatro vientos. Eso sí, siempre que en aquel encuentro no fuera forzada a hacer algo sin mi consentimiento. Lo de siempre, vaya. En caso contrario, lo que procedería habría sido la correspondiente denuncia siguiendo los cauces reglamentarios.

Conocí a una chica que tuvo un leve roce sentimental con un famoso compositor integrante de un mítico grupo español. Su breve romance la dejó un poco trastornada, pero todas la enviadiábamos. Conocer al músico, haber besado sus labios, sentarse a su vera en el escenario durante la prueba de sonido, que le cantara canciones, que se inspirara en ella para componer, nos parecía de película. Ella no fue la única, sino una más de la ristra de chicas que tuvieron lo que para el resto parecía suerte y para ellas desgracia, cuando asumían que no eran especiales, sino un simple entretenimiento pasajero. No sé qué habría pasado de haber existido entonces Twitter.

Volviendo a las confesiones, yo tuve una época -ya seriamente emparejada y madre- que me volvía loca Mario Casas y no me perdía un capítulo de la serie ‘El Barco’. Poco después viví otra fase en la que suspiraba por Alex González y por Morey, su personaje del agente del CNI en ‘El Príncipe’. Imagino que si hubiera tenido unos años menos y alguna oportunidad más, les hubiera aguantado cualquier ordinariez, vía whatsapp o de viva voz, y habría valorado seriamente cualquier proposición indecente que hubiera salido por sus bocas. Siempre mayor de edad, consciente y decidiendo yo qué me apetecía o qué me convenía en cada momento.

En esto la edad es muy importante. Pienso en mi hija de 15 años que –imagino- sueña con que la bese o sepa de su existencia alguno de su lista de 50: Dani de Gemeliers, Shawn Mendes, Harry Styles, Tom Holland, Óscar Casas, Álex Puértolas… Evidentemente yo no toleraría que un artista mayor de edad se aprovechara de su condición para persuadirla de hacer algo que aún no está preparada para hacer. Ni que la atormentara con mensajes calentorros al móvil o le pidiera fotos desnuda. Y además sería ilegal y perseguible penalmente. Pero entre adultos, los arrebatos soeces de un famosillo incapaz de gestionar el poder de seducción, el carisma y el atractivo que le confiere salir por la radio o la tele, hasta donde yo sé no figura como delito.


Conclusión: Mientras todo lo que se les reproche a estas personas sea que, supuestamente, aprovechan su celebridad para conquistar más fácilmente, que en su vida íntima mandan mensajes más o menos guarros a fans que les siguen por las redes y que por pillar cacho estilo cromañón les permiten traspasar la línea que las separa el olimpo de los dioses, no me sumaré a ningún linchamiento popular. Y menos surgido de manera tan cobarde y ladina, ensuciando de mierda internet, cargando de metralla la bomba mediática para amplificar todavía más el destrozo reputacional, aprovechando el río revuelto de las últimas denuncias por agresiones sexuales y en nombre de un supuesto #MeToo ibérico. 

Si las denuncias contra Izal y Castelo fueran un poco serias, buscarían otros cauces. Si no lo hacen es porque simplemente con pantallazos de Whatsapp no se sostienen. Parecen más bien fruto de una baja tolerancia a la frustración de quien ha creído que la vida es Disney Channel. ¡Vaya! Alguien se escandaliza porque su ídolo en vez de hacer el papel de héroe romántico, se dedica a mensajearle guarradas... Puede que el músico y el humorista deban revisar su catálogo de técnicas de ligoteo porque no funcionan y provocan rechazo. Puede que haya que hacérselo saber. Pero meter estos comportamientos en el mismo saco que los verdaderos delitos sexuales ofende a las víctimas reales. Por favor, no perdamos la perspectiva.

sábado, 5 de mayo de 2018

Conceptos básicos sobre ETA que conviene no olvidar

El primer atentado de ETA que se quedó grabado en mi memoria fue el que perpetró la banda terrorista contra la Dirección General de la Guardia Civil de Guzmán el Bueno. Por aquel entonces acababa de trasladarme a Madrid para estudiar Periodismo. Me alojaba en una residencia para chicas cerca de Princesa. Mi vida consistía en ir de la Ciudad Universitaria a la residencia y de la residencia a la Ciudad Universitaria, con alguna escapada a los bajos de Moncloa o los bares de la zona de Alonso Martínez.

Me pareció escuchar el estallido al filo de la medianoche, mientras estudiaba. Encendí la radio y a los pocos minutos las noticias confirmaron el desastre. Por la mañana no pude evitar acercarme hasta allí. Me impresionó ver el boquete provocado por la furgoneta-bomba en la fachada del edificio, los cristales de las ventanas hechos añicos por toda la zona, el despliegue de seguridad, los muchos curiosos que como yo miraban embobados aquel escenario tan desolador. No podía quitarme de la cabeza a las dos víctimas inocentes. En realidad todas las personas asesinadas por ETA eran inocentes, aunque las de esa noche tenían la peculiaridad de no pertenecer a ningún cuerpo de seguridad, ni residir en una zona militarizada, ni tener más papeletas que el resto para terminar en el punto de mira de unos desalmados. Es este caso no había bonus de peligrosidad. Las víctimas de ese atentado simplemente pasaban por allí.

Uno tenía dos años y medio, se llamaba Luis y viajaba en un coche con sus padres de vuelta a casa. La mala suerte quiso que la trampa mortal estallara a su paso con más de 60 kilos de amonal y 40 de tornillería, un impacto letal para un cuerpecito tan pequeño y frágil. Sus padres también sufrieron heridas muy graves. De hecho, su madre, embarazada de cuatro meses, estuvo un tiempo en coma. Consiguieron recuperarse medianamente, sobrevivir, pero ya nada fue igual. El otro fallecido se llamaba Jaime, tenía 38 años, estaba soltero, trabajaba en TVE, le gustaba el fútbol y con el dinero que había ganado en la lotería iba a comprarse un piso para independizarse. Aquella noche volvía conduciendo a casa de sus padres. Nunca llegó. Un amigo que era técnico de la COPE se temió lo peor cuando llegó a la zona a trabajar y vio que uno de los coches afectados tenía una matrícula que le resultaba familiar. El balón que había en el maletero, el que siempre llevaba su amigo por si había que echar un partidillo, confirmaba el peor de los presagios.


Ahora que la banda terrorista ha decidido comunicar su disolución y, para asegurarse un final honroso, montar todo un teatrillo que sobra y ofende, yo solo puedo pensar en esas dos víctimas inocentes y en el resto de asesinados hasta llegar a las 853 vidas arrebatadas. Pensaba que la solución estaba en la disolución, que sentiría euforia cuando llegara este día, pero solo siento indiferencia. Debe ser porque siempre he vivido en un país acosado por una banda terrorista; cuando yo nací ETA comenzaba a utilizar la sangre como estrategia de intimidación, así que no he conocido otra cosa. Cuando nacieron mis hijos, el grupo armado todavía seguía hablando el lenguaje de las balas, pero ya vivía sus últimos coletazos. De hecho ellos están más familiarizados con el terrorismo yihadista que con el etarra. Pertenecen a una generación que se libró de los años duros de ETA y no son conscientes de la magnitud del drama y el horror que provocaron. Por eso deberíamos hacer como en las tribus ancestrales donde las historias se transmitían de generación en generación y pervivían gracias a la tradición oral. Por respeto a las víctimas y por responsabilidad con nuestros hijos, tenemos que pasar página, sí, pero no arrancarla. Mirar al futuro sin olvidar el pasado. Contarles lo ocurrido para que el paso del tiempo y la retórica propagandística de ‘los malos’ no borren de un plumazo la realidad. Sé que lo más efectivo con ellos es un vídeo, una infografía o una canción de trap, pero mientras le doy una vuelta al formato, aquí voy ensayando con algunos conceptos básicos sobre ETA para dummies:

-ETA son las siglas de Euskadi Ta Askatasuna, que quiere decir en euskera País Vasco y Libertad. Este grupo patriota, nacionalista y revolucionario aspiraba a que Euskadi fuera un estado independiente y para ello optaron por emplear estrategias tan finas como el asesinato, el secuestro, el chantaje y la extorsión.

-Para ETA el enemigo era todo aquel que no compartiera sus principios o que representara al Estado opresor. Así que puso a tiro en su diana a policías, guardias civiles, políticos de la contra, funcionarios de prisiones, empresarios poco afines o periodistas. Ser pariente de cualquiera de estos también otorgaba un bonus de peligrosidad.

-Los métodos para sembrar el terror eran variados: desde el tiro en la nuca hasta la bomba lapa en los bajos del automóvil de su objetivo, pasando por el coche-bomba cargado de amonal y metralla, con temporizador o accionado a distancia. Disponían de una red de soplones que vigilaban a las víctimas e informaban sobre sus movimientos al asesino. Aunque donde ponían la mirilla, ponían la bala, resultaba inevitable que muchas veces hubiera daños colaterales, víctimas civiles que solo cometieron el error de estar en el momento y lugar equivocados.  

-La banda nunca se ha arrepentido de sus crímenes ni ha pedido perdón. Hace poco, antes de su disolución, sí se han dignado a lamentar las víctimas inocentes, lo que no incluye, por ejemplo, a los hijos de los ‘enemigos’.

-Sus 60 años de actividad no les han servido para nada. No han conseguido sus propósitos. Solo causar dolor, enfrentamiento, odio y división. El libro 'Patria', de Fernando Aramburu es ejemplo gráfico del odio que han sido capaces de sembrar. Aunque parezca que ahora se retiran y nos perdonan la vida, no penséis que han ganado, más bien todo lo contrario. Han sido derrotados por las fuerzas de seguridad, la Justicia y el Estado de Derecho.

-ETA es una pandilla de fanáticos demodé. Una organización enferma desde sus inicios y en fase terminal desde que anunció el cese de su actividad armada en 2011. Pistoleros analógicos del siglo XX a los que les sentó fatal el cambio del milenio y que quieren disolverse porque ya no tienen guerreros, ni infraestructuras, ni fondos. Porque la Euskadi libre que propugnaban es ya más libre y más rica que cualquier otra zona del país -concierto vasco mediante- sin necesidad de excisión o revolución ninguna.

De modo que si quieren disolverse, que se disuelvan. Pero, para esa reconciliación que piden, falta algo más:

-Que se entreguen todos los huídos.
-Que confiesen para esclarecer los cientos de casos sin resolver.
-Que se les juzgue por los crímenes cometidos.
-Que pidan perdón.
-Que cumplan las penas que se merecen.

Después de todo esto, quizá los que por su culpa han sufrido un infierno en vida, logren perdonar y vivir en paz. Y para ello, insisto, es imprescindible que nadie retoque la realidad ni la reescriba. Que seamos capaces de explicar lo vivido clara y objetivamente a quienes no saben lo que es ETA ni cómo se las gastaba. Todo sin utilizar expresiones que pervierten el lenguaje y la historia. Ni conflicto armado ni lucha. Años de plomo que padecimos todos, los que aprendieron a vivir señalados y con miedo, y los que nos acostumbramos a los sobresaltos y las vilezas abriendo el telediario a la hora de comer. Lo único que ha existido durante 60 años ha sido la dictadura del terror de un puñado de asesinos incapaces de defender sus ideas sin apretar un gatillo. Una dictadura que en los últimos tiempos agonizaba, de la que ya casi nadie se acordaba y que definitivamente se ha apagado.

sábado, 28 de abril de 2018

Analfabetismo sexual

El instituto en el que estudian mis hijos nos manda una circular informando sobre unos talleres de sexualidad que se van a impartir este próximo mes de mayo. El mensaje añade que si no queremos que los niños asistan, se lo comuniquemos al tutor. No entiendo qué motivos podrían tener unos padres para privar a sus hijos de formarse en ese aspecto, pero cuando se menciona esa opción debe ser porque se han dado casos de quejas por instruir a los chavales sobre sexo. En pleno siglo XXI, con el panorama que tenemos, sorprende que todavía haya padres temerosos e incómodos con la idea de que sus hijos de 13 años puedan aprender algo tan primordial. Lo más triste es que probablemente sus hijos ya hayan visto porno por internet. Ese es el verdadero problema. En vez de recibir la información de manera controlada, de una fuente de confianza, en un ambiente adecuado, esos críos dan por bueno lo que han visto en la pantalla de su smartphone. Piensan que ya saben todo lo que hay que saber sobre sexo y en realidad son unos analfabetos sexuales, al mismo nivel que aquellos a los que les tocó vivir en los tiempos en que no se hablaba de esas cosas.


Históricamente en este país hemos recibido una muy deficiente educación sexual y, aunque el sexo ya no es un tabú y se habla de ello con naturalidad, todavía ahora seguimos cojeando. Pensemos en los analfabetos sexuales adultos que las únicas instrucciones que han recibido a ese respecto son los primerísimos primeros planos de las películas X, un género que solo ha evolucionado rizando el rizo, elevando su dureza y el nivel de dificultad en posturas, variedades, accesorios…, pero donde el papel de la mujer sigue siendo tan pasivo como siempre. Los que han aprendido de sexo viendo esos peliculones no son conscientes de que el porno es mentira, es cine, ficción, es una especie de consolador para provocar la excitación del espectador, solo o acompañado, pero no un Pantone que establezca usos y costumbres amatorias.

No seré yo quien juzgue a nadie por tratar de emular a los maromos que ve en la pantalla, pero sí le recuerdo a quien decida jugar a este juego –y este es un principio básico de cualquier educación sexual- que para que jueguen y se diviertan dos (o tres, o cuatro…) debe ser de común acuerdo, con los cinco sentidos, y sin violentar, forzar o intimidar a nadie. Si esta última condición no se cumple, no es sexo, ni consentido, ni con sentido, es un atentado contra la libertad sexual, una agresión con todas las letras. Porque, que me perdonen los legisladores y los juristas, un abuso sexual, por muy pequeño que sea, para mí es una agresión. Que alguien, conocido o desconocido, te sobe una teta, te agarre el culo o te suelte una ordinariez echándote el aliento, yo lo considero ya una agresión. Así que entenderéis que para mí todo lo que sufrió la víctima de La Manada fue mucho más que un abuso sexual con prevalimiento, más que una agresión, fue un pedazo de violación múltiple como la copa de un pino.

Uno de los magistrados de la Audiencia de Navarra que juzgó este caso en primera instancia emitió un voto particular por el que pedía la absolución de los acusados. Para él no fue más que sexo en un ambiente de jolgorio. Me lo imagino visionando las grabaciones realizadas por La Manada y disfrutando de lo lindo. Ignoro si es o no asiduo consumidor de porno, pero lo que no cabe duda es que vio las imágenes con alma de crítico cinematográfico, poniendo especial interés en la interpretación femenina. “Innegable expresión relajada, sin asomo de rigidez o tensión”, lo que “impide sostener cualquier sentimiento de temor, asco, repugnancia, rechazo, negativa, desazón, incomodidad”. “Está claro que dolor usted no sintió”, llegó a comentarle a la víctima en el juicio. En cambio no veo por ninguna parte que interrogara a los acusados sobre esa fijación por meter sus penes, uno detrás de otro, en la boca a la chica, y penetrarla vaginal y analmente en varias ocasiones. Tampoco he oído en ninguna tertulia de actualidad si llegó a preguntarles sobre su nivel de gozo o si la escasa participación de la fémina en la fiesta les puso más o menos cachondos.

Desde mi punto de vista, y sin haber profundizado mucho más en el tema, magistrado y acusados comparten un supino analfabetismo sexual, aunque canalizado de distinta manera. Pensando en ellos y en todos los analfabetos sexuales,  voy a dar cinco claves para aprender a distinguir el jolgorio y regocijo sexual de lo que, según la sentencia, sucedió en aquellos Sanfermines:

-Para que lo de Pamplona hubiera sido un jolgorio sexual todos habrían acordado usar preservativo,  máxime si tenemos en cuenta que se acababan de conocer, en particular ella, por mucho que solo tuviera 18 años y un buen nivel de alcohol en sangre. Hay cosas con las que no se juega, y no me estoy pensando solo en un embarazo no deseado, sino en evitar el contagio de cualquier enfermedad de transmisión sexual. En este caso los penetradores no dieron opción. 

-Para que lo de Pamplona hubiera sido un jolgorio sexual, alguno de los cinco folladores tendría que haberse dignado a preguntarle a la fémina si disfrutaba, si le hacían daño, si tenía predilección por alguna postura en concreto, si quería probar otra cosa… Por si no lo sabíais, una buena parte de las mujeres somos lo que se llama clitoridianas, llegamos al orgasmo con la estimulación del clítoris. Y me parece a mí que allí nadie perdió el tiempo en esos menesteres, ni siquiera la interesada participó activamente en su propio placer. En general no le dieron mucha conversación, se limitaron a ensartarla por todos los orificios de su cuerpo. 

-Para que lo de Pamplona hubiera sido un jolgorio sexual, ella se habría atrevido a hacer comentarios picantes, con alguna frase estilo porno popular, del tipo "qué pedazo de rabo tienes", "dame más, dame más" o similar. En cambio los únicos sonidos que emite la víctima parecen ser gemidos de dolor.
  
-Para que lo de Pamplona hubiera sido un jolgorio sexual, todos los participantes habrían discutido sobre la idoneidad de grabar un vídeo de recuerdo con los mejores momentos de ese encuentro íntimo. Ocultárselo a una parte está muy feo, hasta el punto de que un jolgorio sexual puede concluir en el momento en que el inocente descubre la faena. En ese portal de Pamplona creo que nadie le consultó a la víctima si quería que la convirtieran en una estrella del cine porno amateur.

-Y por último, para que lo de Pamplona hubiera sido un jolgorio sexual, los participantes habrían intercambiado teléfonos al final de la sesión por si les apetecía repetir. Ya sabéis, lo de "Si alguna vez bajas por Sevilla…”, “Si alguna vez subís por Madrid…”. Eso sería lo más lógico. Siempre, claro está, que hubiera sido una experiencia sexual consentida, divertida y memorable. Algo que sospecho no tuvo nada que ver con lo que se vivió en aquel portal, al menos para la única mujer que había en esa melé.


Visto lo visto, ante la posibilidad de que legisladores y juristas no atinen con lo que las mujeres reclamamos a raíz de este caso, yo abogo por acabar con el analfabetismo sexual mediante un arma tremendamente efectiva, la educación sexual impartida desde la infancia y adolescencia. Para que los chicos/hombres entiendan que lo único que pedimos las chicas/mujeres es poder salir solas por la calle, llevar una minifalda o un escote, tomar unas copas de más si se tercia, llegar a casa después de anochecer, darle conversación a un desconocido, negarnos a hacer algo que nos incomoda o decidir cómo vivir nuestra sexualidad…, todo esto sin poner en riesgo nuestra integridad. Sin miedo a que en nuestro camino se cruce un tipo enfermo, incapaz de gestionar su apetito sexual, que confunda las señales y vea permiso donde solo hay amabilidad. Sin miedo a que nos asalte, que si nos resistimos, nos mate y que si nos dejamos hacer, se vaya de rositas porque parecía que estábamos gozando. ¿Es tanto pedir? Yo creo que no.